Dama


Imagen

Retrato de una Dama

Cuando crecemos, las personas solemos construir nuestra vida como una casa
de ladrillos: el ladrillo de la pareja, el de los hijos, el de la familia, el del trabajo… Y
nuestra “felicidad” suele venir de esa sensación tan agradable que da tener todo en
orden, todo bajo control. Eso es lo que la gente entiende por una vida plena, completa.
Dicen que cuando envejecemos nos volvemos rígidos; de hecho, nuestras
propias articulaciones lo corroboran. Pero lo cierto es que la rigidez no aparece de
repente, uno no se levanta una mañana siendo “rígido”. La rigidez va surgiendo poco
a poco al creer que esos muros que nosotros mismos hemos construido nos dan la
seguridad que necesitamos. En mi muro había incluso una pintada que decía “ya es
suficiente”. Porque aunque siempre amé a los animales y desde niña deseé tener un
perro más que nada en el mundo, lo cierto es que mi vida ya me exigía suficientes
esfuerzos…
Pero un buen día conozco a Lila, la embajadora, simplemente para saber “qué
es un galgo”. Y no me quedo prendada de ella como perrita en particular, sino de
algo más allá: Lila me deja vislumbrar efectivamente lo que es un galgo, la energía
tan única que emanan y que se cuela sin mi permiso por algún resquicio de mi muro
mal enfoscado. Sí, sin mi permiso, como un enamoramiento loco que me susurra una
certeza incomprensible…
Y es entonces cuando conozco a Dama, dulce, discreta y delicada, como
su nombre. Y cuando la miro comprendo perfectamente esa certeza susurrada:
“la necesito”. Los días de espera hasta su llegada se hacen largos… y es que
inexplicablemente la echo de menos. Jamás he compartido mi vida con ella y, sin
embargo, la extraño. Porque ¿qué tienen los galgos? ¿qué tiene Dama de especial?
No lo sé. Pero quizá es precisamente lo que no tiene lo que me hace sentir que estoy
ante “otra cosa”: ante algo más que un perro y menos que… ¿que “qué”? no me atrevo
ni a escribirlo…
La tarjeta de presentación de Dama es su timidez que, en muchas ocasiones,
roza el miedo; pero desde que llegó a nuestras vidas está aprendiendo poco a poco
a dejar de ser esa “sombra peluda” que me sigue en cuanto me pierde de vista y
lentamente se va relajando y confiando, dejándonos ver todo lo buena, silenciosa,
sensible y mimosa que es; dejándonos sentir su presencia casi invisible que tanto nos
fascina… y su mirada: le coges la cabecita entre las manos y ella te mira… y de pronto
te das cuenta de que toda la inocencia, la belleza y la maravilla del mundo caben en
sus dos ojitos…

Socialmente “queda” muy bien decir que has adoptado un perro, queda aún
mejor decir que es un perro adulto y ya parece el “culmen de la solidaridad” decir que
has adoptado un galgo con un pasado trágico. Pero ¿cuál es la verdad, en realidad?
La verdad, mi verdad al menos, es que la “buena obra” no la hacemos nosotros, sino
el perro. Porque mi vida, nuestra vida, es más completa desde que tú estás en ella,
Dama. Hasta ahora no sabía que te necesitaba. No es sólo que necesite tu cariño o tu
compañía, es más que eso: necesito tu presencia animal que me conecta con algo que
no puedo recordar, tan sólo intuir, pero que sé que está ahí y que nos une.
¿Y el esfuerzo? Por supuesto, tener un perro supone un esfuerzo. Tener un hijo
supone un esfuerzo. Preparar una comida para nuestros seres queridos supone un
esfuerzo. Pero quizá es que sólo las cosas que exigen algún esfuerzo merecen la
pena en la vida…
Gracias, Dama, por llenar un hueco que no sabíamos que teníamos y hacer
nuestra vida más plena y hermosa.
Y, por supuesto, gracias a Noelia por “cuidárnosla” tan bien y a Araceli por cruzar
nuestros caminos.

Anuncios

5 pensamientos en “Dama

  1. Me ha encantado leer tu carta!Hay mucha sensibilidad en tus palabras y realmente las dos seréis muy felices,lo intuyo!
    Enhorabuena.

Los comentarios están cerrados.