SIETE (ADOPTADO)


El martes día 3 hizo un mes que Siete nos adoptó. Primero nos hizo una visita para comprobar

que todo estaba a su gusto, y tras una inspección exhaustiva de toda la casa, nos dio su

aprobación.

El día que Cristel y Chus lo dejaron en casa se pasaba cada ratito yendo a la puerta a esperar

a que volvieran a buscarlo. Escuchando cada vez que se paraba algún coche, oía abrirse un

maletero…., por suerte ese día hacía sol y disfrutó toda la tarde tirado en el jardín.

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Por la noche, decidió que no le gustaba nada donde le habíamos puesto la camita y cuando

me levanté por la mañana lo encontré durmiendo en el sofá de la habitación de los juguetes

de Alba. Pensé que se iba a despertar nada más que me pusiera a hacer ruido por la casa, pero

que va, a las 10.30 de la mañana le subí la persiana de la habitación y él escondió la cabeza

debajo de los cojines. Así que después de consultar a la agraviada usuaria del sofá, se lo cedió

encantada y de ese modo se ha convertido en la cama oficial y ahora tenemos un colchón

muerto de risa que solo usa alguna vez cuando quiere roer alguno de sus snacks.

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El segundo dia fue el del gran susto. Nos habían avisado Cris y Alfonso de que tuviéramos

mucho cuidado de que no se escapara, que era muy fácil que se perdiera. Y saliendo de paseo

con el, de repente se le acercaron dos perros, se asustó y se fue hacia atrás, resultó que el

collar estaba un poco flojo, se le salió por la cabeza y echó a correr mientras le perseguían los

otros perros. Cuando miré para la correa y vi que tenía el collar enganchado pero no había

Siete, me quedé helado, salí corriendo detrás de el, dando muestras de mi lamentable estado

de forma, porque a los cien metros ya estaba agotado, y, lo que era peor, sin rastro de Siete.

Un poco mas adelante me crucé con el perro que le había perseguido, que volvía a su punto

de partida y finalmente lo encontré, de pie, delante de la puerta de casa, esperando, como

diciéndome: “que lento eres”. Me dio la sensación de que había corrido hasta allí y delante de

casa le había hecho frente al otro perro haciéndole ver que aquella era su casa y allí el jefe era

él.

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A partir de ese momento, es como si hubiese llevado toda la vida con nosotros en casa. Se

asomaba a cada ratito a pedir mimos, paseaba y corría por el jardín y ¡hasta ladraba a algún

perro que pasaba!. Y así sigue, cada vez mas mimoso, cada vez más seguro y cada vez mas

protector de su territorio cuando se acerca algún perro.

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Con Alba desde el primer momento ha sido un amor. La segunda noche de estar en casa se fue

a tumbar junto a ella en la alfombra y ahí nos los encontramos viendo los dibujos. O se sientan

juntos en el sofá y Siete recibe clases de informática. Siete hace de despertador y cuando le

llamamos, sube a la habitación de Alba a despertarla a besitos, y ella se levanta de muy buen

humor. Además tiene una paciencia infinita cuando ella se empeña en abrazarlo y se queda

colgada de él. Entonces el pobre nos mira como diciéndonos: “lo que hay que aguantar”

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Los únicos problemillas que tuvimos (que ya están solucionados ) fueron las incursiones en la

cocina para robar comida. Tres días consiguió abrir la puerta y robar pan, aceite y todo lo que

pillaba a mano. El resultado fue la bolsa de tela donde guardábamos el pan, siniestro total,

la aceitera rodando por el suelo de la cocina y un charco de aceite relamido, además de las

consiguientes huellitas por toda la casa. Otro dia fue la bolsa del pan de molde hecha añicos y

ni rastro del pan, que estaba al lado del tostador y que acabó en el suelo. Y la ultima fechoría

fue un vaso de esos de duralex roto tras tirarlo de la mesa. Así que hemos tenido que comprar

un seguro a prueba de niños en la puerta y de momento no sabe abrirlo (aunque es muy listo y

no nos extrañaría que aprenda, jeje). Además, después de los robos nos pone esos ojitos y no

somos capaces de decirle nada porque él sabe de sobra que la ha armado!

Por lo demás, de momento sigue con mucha ansiedad por comer y aunque le repartimos la

comida en dos veces cada vez que entramos en la cocina está esperando que le demos más

comida.

Haciendo un resumen podemos decir que a Siete le gusta: Comer, los mimos, las siestas en el

jardín, fisgar por la ventana o por la verja del jardín, subirse en el coche, ir de paseo, correr por

galgolandia….

A Siete no le gusta: que no le demos de comer cada vez que nos pone ojitos y no saber abrir el

seguro de la cocina.

Y nosotros cada dia mas contentos de que se haya querido quedar en nuestras vidas,

encantados con el y encantados de haber conocido a un grupo de gente maravillosa, con

la que nos encontramos muy a gusto, que se desvive por el bienestar y la felicidad de estos

peludinos.

Nos vemos.

Alba, Mónica y Javi.

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